Apolo 11 aterrizaje: los 13 minutos que pudieron ser fatales

Antes de que el astronauta estadounidense Neil Armstrong pudiera pronunciar la famosa frase: “Este es un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad” hubo grandes posibilidades de la misión Apolo 11 fracasara. Prueba de ello son los audios del centro de control de la NASA de ese crucial día, donde la tensión aumentaba cada vez más, con algunos silencios que únicamente eran rotos por el sonido de respiraciones entrecortadas.

Como indicó Armstrong en una entrevista: “Los 13 minutos previos a tocar la superficie lunar fueron un desenfreno de incógnitas”.

Un dato sorprendente acerca del equipo que estaba en la NASA aquel día, es que el promedio de la edad de los controladores de vuelo era de 27 años, y la cantidad de los mismos no excedia a las 30 personas, si bien unas 400.000 en total estaban involucradas en el proyecto.

Cuarto de mando del Apolo 11
Proyecto engorroso y ambicioso

Mientras tanto a 400.000 kilómetros de altura

En realidad, en un principio el ambiente era bastante relajado. Armstrong incluso bromeó respecto a cierto ruido que sentía en sus auriculares y que se asemejaba a “viento soplando entre los árboles”.

Pero los problemas comenzaron desde el momento en que Aldrin dio la voz de mando de activar P-63, programa cuya función era disponer los momentos exactos de encender los motores de Apolo 11 y el tiempo que estarían encendidos.

El problema se encontraba en la llamada antena de alta ganancia, enlace de radio que permitía las comunicaciones entre el centro de control y la nave, así como recibir datos de los sistemas del módulo lunar.

De persistir sería imposible aterrizar en la luna. Inmediatamente, para solucionarlo, se llevaron a cabo una serie de acciones, por suerte, a pesar del caos y la falta de información, los astronautas recibieron la orden de encender el motor y comenzar a descender hacia nuestro satélite natural.

Adversidades del vuelo

Aun así, las adversidades recién comenzaban para el guía de vuelo, Steve Bale, quien se percató de que el vehículo estaba viajando hacia la Luna a una velocidad 6 metros por segundo más rápido de lo que debería, y en caso de crecer otros 4,5 metros por segundo tendría que abortar la misión.

Por suerte, la velocidad se mantuvo dentro de los límites de seguridad. Cuando faltaban apenas 5 minutos para el alunizaje, un código apareció en pantalla: “1202”, siendo la primera y única vez que Armstrong manifestó estar urgido.

Bales consulta al equipo de apoyo acerca de la extraña alarma que había sonado 5 veces durante el descenso, y tras unos 15 segundos, finalmente la ansiada respuesta llegó: el código 1202 quería decir que la computadora de Apolo 11(que tenía una capacidad de procesamiento y memoria de una calculadora de bolsillo) estaba sobrecargada de tareas.

A pesar de todo, la máquina estaba programada para priorizar las tareas críticas para la misión, como mantener al módulo volando a la velocidad y dirección correcta, así otro problema quedaba solucionado.

Suelo lunar resultado del vuelo
Vista de la tierra desde la luna

Pocos segundos antes de aterrizar Apolo 11

Y todavía faltaban otros dos grandes problemas: mientras la nava se dirigía al punto de alunizaje, el reconocido astronauta se percató de que la zona no era para nada un buen lugar, así que tomó el control manual y lo voló como un helicóptero en dirección oeste. Su decisión, que no estaba errada, tuvo como consecuencia lógica que la nave comenzara a quemar combustible mucho más rápido que lo previsto.

A partir de este momento el suspenso llegó a su máximo esplendor, según el informe del controlador del vuelo faltaban 120 segundos de combustible, luego 60 segundos… “y aún no estaban ni cerca de la superficie” según palabras de Kranz. La nave levantó un poco de polvo… apareció la “luz de contacto” que indicaba que estaban a un metro de la superficie lunar… Y se oyó la voz de Armstrong que entonces dijo: Houston, aquí base Tranquilidad: el Águila ha aterrizado.

Con información de:  https://www.bbc.com/mundo

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