Mujeres de ciencia que probablemente no conocías

A lo largo de la historia de la ciencia, siempre se ha señalado la poca visibilidad que tienen las mujeres de ciencia en comparación con los científicos varones que todos conocemos. En este sentido, a pesar de que sí hay muchas mujeres que han realizado grandes aportes a la ciencia, cuando se pide a la persona promedio que cite algún ejemplo, por lo general no puede nombrar ni una sola científica, viva o muerta.

Por eso, para luchar juntos contra este sesgo de desconocimiento, aquí te muestro algunas científicas, a menudo olvidadas, cuyas investigaciones cambiaron los paradigmas de la ciencia en más de una ocasión.

Estas deberían ser más reconocidas por todos, por cuanto dedicaron su vida al desarrollo de la ciencia.

Mary Somerville, matemática y astrónoma (1780-1872)

Mary Somerville
Mary Somerville

Fue una de las mujeres de ciencia británicas que con más pasión dedicó su vida a generar conocimientos científicos. Por su gran cantidad de aportes en los campos de astronomía y matemáticas, Somerville ha menudo es citada como “La reina de las ciencias del siglo XIX”.

Escribió una multitud de ensayos y libros que rápidamente cobraron gran aceptación por parte del público. Su forma de expresarse, rigurosa y didáctica, fue un éxito; lo que valió para que la astronomía se hiciera más popular por aquellos tiempos. Entre sus principales logros podemos citar sus estudios detallados sobre el sistema solar que sirvieron de base para el descubrimiento del planeta Neptuno por parte de John Couch Adams en 1846.

Mary Somerville también publicó varias obras matemáticas que influyeron en las posteriores investigaciones de James Clerk Maxwell, quien formuló la importantísima teoría clásica de la radiación electromagnética.

Se ganó un lugar en la historia cuando en 1835 se convirtió en la primera mujer en pertenecer a la Royal Astronomical Society de Londres.

Mary Anning, paleontóloga (1799-1847)

Mary Anning
Mary Anning

Siendo autodidacta, esta científica se ganó la admiración del mundo por los numerosos hallazgos que realizó en los lechos marinos del periodo Jurásico en Lyme Regis, su ciudad natal. Hizo su primer gran hallazgo a los 12 años. Fue un reptil marino al que después se le nombraría ictiosaurio.

El Museo de Historia Natural la bautizó como “la desconocida heroína del descubrimiento de fósiles”, ya que, a lo largo de su vida, la comunidad científica se mostró reacia a reconocer sus contribuciones, como ocurría con la mayoría de mujeres de ciencia de su época.

Una de las injusticias que tuvo que sufrir fue el hecho de que no se le permitió formar parte de la Sociedad Geológica de Londres. De hecho, esta organización no permitió la entrada de mujeres a sus filas hasta más de medio siglo después de su muerte.

Ada Lovelace, matemática (1815-1852)

Ada Lovelace
Ada Lovelace

Los trabajos de Ada Lovelace en el campo de las matemáticas fundaron las bases para la creación de programas informáticos que anticiparon nuestra era de la tecnología digital.

Colaboró con su amigo Charles Babbage, un ingeniero mecánico e inventor, en una propuesta denominada máquina analítica. A pesar de que el dispositivo nunca pudo ser construido, su diseño albergaba muchos de los principios de funcionamiento de las computadoras actuales.

Primera programadora de la historia

Sus apuntes describen métodos para crear códigos de manejo de letras, números y símbolos. En una publicación que hizo en 1843, explicaba cómo sería un mundo en el que las máquinas programables contribuirían al progreso de la ciencia e, incluso, en la creación de obras de arte y música. También desarrolló una técnica para que las máquinas siguieran una serie de algoritmos (proceso que hoy se conoce como bucle) y que los programas computacionales actuales todavía usan.

Por todo esto y más, Ada Lovelace es considerada la primera programadora de ordenadores y una de las mujeres de ciencia más importantes.

Elizabeth Garret Anderson, médico (1836-1917)

Elizabeth Garret Anderson
Elizabeth Garret Anderson

Garret Anderson fue la primera mujer en licenciarse en Reino Unido como doctora. No obstante, el camino para llegar allí no fue nada fácil.

Con alrededor de 20 años, comenzó a trabajar como enfermera en el Hospital Middlesex en Londres. Aquí asistía a todas las conferencias que podía y observaba a los estudiantes de medicina masculinos, pero ninguna universidad le permitía tomar los exámenes para convertirse en médico. En medio de esta situación, finalmente descubre que la Sociedad de Boticarios no podía rechazarla legalmente, por lo que en 1865 tomó y aprobó los exámenes.

Posteriormente, Anderson fue cofundadora de la London School of Medicine for Women. También hizo campaña por el derecho al voto femenino junto a su hermana Millicent Garrett Fawcett, una líder sufragista reconocida a nivel mundial.

Su hija, Louisa Garret Anderson, siguió los pasos de su madre, convirtiéndose también en una reconocida doctora y reivindicadora del derecho al voto de las mujeres.

Dorothy Hodgkin, química (1910-1994)

Dorothy Hodgkin
Dorothy Hodgkin

Nacida en el Cairo, era hija de una pareja inglesa que trabajaba en Egipto. Desde su infancia Hodgkin mostró una gran fascinación por la química, por lo que luchó incansablemente para que le permitieran estudiar dicha materia junto con los niños.

De adulta utilizó la tecnología de rayos X para descubrir las estructuras moleculares de la insulina, la penicilina y la cobalamina. En 1964 fue merecedora del Premio Nobel de Química y, aún en nuestros días, sigue siendo la única mujer británica que lo ha conseguido.

Entre 1976 y 1988, Hodgkin fue elegida presidenta de la Conferencia Pugwash, una organización mundial fundada en la década de 1950 orientada a evaluar los peligros para el planeta de las tecnologías nucleares.

Jocelyn Bell Burnell, astrofísica (1943-actualidad)

Jocelyn Bell Burnell
Jocelyn Bell Burnell

Es una de las mujeres de ciencia más representativas de nuestros días. A Jocelyn Bell Burnell se le atribuye un descubrimiento importantísimo del siglo pasado: el de los púlsares de radio. Los púlsares son los residuos de explosiones de supernovas que posibilitan el desarrollo de toda vida.

Lamentablemente, la astrofísica sufrió en carne propia las consecuencias del machismo académico cuando, en 1874, no obtuvo el Premio Nobel de Física de ese año, condecoración que fue entregada a los dos científicos varones que trabajaron junto a ella.

Hoy día Bell Burnell es profesora de astrofísica en la Universidad de Oxford y ha sido galardonada con otros muchos premios. De hecho, según entrevistas recientes, la astrofísica confiesa que le ha ido mejor en la vida sin ese galardón.

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