Salvar los océanos: tres proyectos para hacerlo

Desde los albores de la humanidad el océano siempre ha sido uno de los lugares más vastos, misteriosos y sorprendentes que existen para el hombre. Tristemente, en la actualidad corre peligro a causa de la contaminación generada por los seres humanos. Los derrames de desechos tóxicos, petróleo, plástico flotante, el cambio climático…entre otros, son situaciones que debemos resolver urgentemente. Pero aún estamos a tiempo: científicos y activistas medioambientales luchan con ahínco para proteger los océanos. En estos momentos ya se han puesto en práctica varias alternativas y proyectos para salvar los océanos y mejorar las condiciones en que se encuentran sus aguas. Si sumado a esto nos mantenemos conscientes como especie de la importancia de cuidar el mar, de aquí a algunos años se encontrará, al menos, fuera de peligro.

A continuación describiremos brevemente tres proyectos para salvar los océanos desarrollados por científicos españoles. En estos proyectos los protagonistas son desde peces que hacen de cámaras científicas hasta GPS y drones para mantener observadas las costas. Incluso uno de ellos utiliza algas microscópicas para reducir la sobrepesca y contaminación originadas por la acuicultura.

Los animales que exploran el mar por nosotros

Tortuga en el mar
Las tortugas pueden ser empleadas para grabar el mar

Conocer el océano desde sus entrañas, percibiendo cada una de sus más sutiles variaciones desde los ojos de un pez… Este es el sueño que el oceanógrafo Carlos Duarte y sus compañeros de investigación persiguen desde 2016. La iniciativa de este proyecto para salvar los océanos consiste en convertir a diversas criaturas marinas en cámaras perfectas sin afectar su modo de vida. Para ello emplean de sensores y microchips de última generación. “Nuestro plan es utilizar a los animales para explorar los fondos oceánicos desde su perspectiva”, explica Duarte, profesor de la universidad que financia el proyecto.

Sensores de última generación

Con este objetivo en mente, los investigadores han desarrollado diferentes tipos de sensores que recopilan información acerca del comportamiento de los peces, así como desbalances en la temperatura del agua del mar o su salinidad. Esto en sí no es algo tan nuevo, pero lo que diferencia este proyecto de los demás es que los sensores que utiliza también se emplean para chequear las constantes vitales de los animales que los portan.

“Nos informamos acerca de su estado fisiológico: cómo realizan sus migraciones, cómo se reproducen y qué tanto nivel de estrés tienen”, afirma el oceanógrafo. “Esto nos da la posibilidad de evaluar el impacto que tiene la humanidad sobre su bienestar, desde los pequeños invertebrados hasta los más grandes son monitorizados. También hemos creado un programa que analiza variables complejas, propias de la fisiología de los seres vivos, para detectar a tiempo cualquier desviación que pueda indicar algún problema de salud”, agrega.

Actualmente más de cien ejemplares cargan con estos sensores. Entre ellos podemos encontrar delfines, tortugas, distintas especies de peces y tiburones, gasterópodos, bivalvos y hasta aves. Los sensores se insertan en dependencia de la especie y sus características particulares. Por ejemplo, si el ejemplar tiene un exoesqueleto robusto se le adhieren, si es un ave se colocan en las patas y si tiene aletas se introducen mediante pinzas. Esta tecnología, además de ser empleada para salvar los océanos, también ha comenzado a probarse en bólidos de escudería McLaren.

Monitoreo de los cambios en las costas

arena y mar
El nivel del mar crece cada vez más

Una consecuencia del cambio climático es que las costas de todo el mundo cada vez pierden más terreno. En España, por ejemplo, baste mencionar la línea costera del sudoeste de la Península, que retrocede progresivamente en diferentes puntos. Por ello un grupo de investigadores españoles decidió monitorizar la Punta de los Saboneses, ubicada en Cádiz, donde la costa ha ido disminuyendo sin parar desde 1977.

El proyecto es financiado por el Plan Nacional de Investigación, y desde hace 4 años se dedica a evaluar la vulnerabilidad de la costa de Cádiz ante el cambio climático y los factores que podrían contribuir a su deterioro. La elección de la zona no fue al azar. “Aquí contamos con una amplia diversidad de mareas, marismas, acantilados, zonas de dunas y distintos patrones de oleaje”, explica Laura del Río, profesora de la Facultad de Ciencias del Mar y Ambientales de la Universidad de Cádiz. “Poder analizar tantas variables nos permite extrapolar los resultados a otras partes del planeta.”

Tecnologías utilizadas

Para sus estudios cuentan con diferentes tecnologías. Entre ellas, utilizan mucho la técnica de la fotografía con drones. “Estos dispositivos nos permiten medir los ciclos naturales; por ejemplo, cuando hay buen tiempo en una playa, podemos saber si esta recuperó o no la arena que perdió anteriormente en invierno. Gracias a los drones podemos detectar y estudiar fenómenos que hace un tiempo atrás pasábamos por alto”, agrega Laura del Río.

También se auxilian de un sistema de cámaras colocado en la cima del paisaje. El objeto de estas cámaras es hacer un seguimiento continuo de las variaciones costeras. Así, pueden llegar a conocer con exactitud cuándo, con el paso de los años, el mar alcanzará a un puesto de venta. Para los análisis de campo emplean GPS diferenciales, que monitorizan la topografía del terreno y dónde se pierde o se gana sedimento, o cómo le afectan los temporales de invierno. “Una vez comprendes los resultados obtenidos hasta ahora, te das cuenta de que el principal obstáculo para salvar los océanos es la actividad humana”, confiesa Del Río.

La nueva biotecnología: las microalgas que salvarán el mar

algas de mar
El destino de los océanos depende de estas algas

Actualmente uno de los más esperanzadores proyectos para salvar los océanos se basa en la utilización de unos microorganismos llamados microalgas para combatir la contaminación marítima. “Te equivocas si estás pensando las algas que siempre has visto”, afirma José Antonio Perales, catedrático del Instituto Universitario de Investigaciones Marinas. “Este tipo específico de algas es microscópico, puede asimilar sustancias como el nitrógeno y se reproduce a una velocidad sorprendente”, agrega. El objetivo de Perales y su equipo es amortiguar los efectos ambientales que tiene la acuicultura en el mar

Por qué son tan importantes estas algas

Para comprender por qué los científicos tienen puesto el ojo en estos microorganismos para salvar los océanos, es necesario conocer el funcionamiento de las granjas pesqueras. Hoy día estas instalaciones están sobreexplotadas y acarrean dos grandes problemas. El primero es que forman un gran flujo de sustancias contaminantes, como nitrógeno o sólidos en suspensión. El segundo, de mayor impacto, es que para alimentar a una determinada cantidad de peces en estas granjas es necesario consumir prácticamente la misma cantidad de peces salvajes.

Aquí es donde aparecen las microalgas para solucionar estos dos problemas medioambientales y salvar los océanos. Dadas las características nutricionales de estos organismos, pueden suplantar al pienso de origen animal utilizado en las granjas de mar, lo que reduciría en gran manera la pesca de peces salvajes para alimentar a los de los criaderos. Y, por otra parte, los requerimientos para el desarrollo de estas algas son fósforo, nitrógeno y luz solar. El nitrógeno sería el mismo que desprenden las granjas de mar. “Es otro modo de contribuir a un modelo de economía circular”, concluye Perales.

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