Sobreviviente a la Segunda Guerra Mundial y al COVID-19 celebra sus 104 años

Las historias de vidas se quedan en el corazón y en la mente de las personas, sobre todo porque la historia narrada, pudo ser la de cualquier persona, la tuya, la mía o la de un conocido. A lo largo del tiempo, la humanidad atravesó crisis de toda índole, militar, biológica, económica. Un ejemplo de ellos es la segunda guerra mundial y el COVID-19, que actualmente nos afecta.

Todas han afectado a miles de personas y a consecuencias de ellas muchos seres humanos han muerto. Otros en contraposición desafiaron a la muerte una y otra vez, como la sorprendente historia de vida de William “Bill” Lapschies, anciano de 104 años, sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial y al COVID-19.

Víctima de la Segunda Guerra Mundial y el COVID-19 celebra sus 104 años

A pesar de ser los adultos mayores el eje central de mortalidad de la epidemia COVID-19, algunos de ellos tienen tanto deseo de la vida, que se proponen con seriedad ganarle a la epidemia y convertirse en actores de su propia historia.

William Lapschies, nació en Salem en 1916. En 1943, fue reclutado para pelear en la Segunda Guerra Mundial, y logró sobrevivir a ella. Venció a la pandemia de la gripe española y si fuera poco, acaba de derrotar a la mayor epidemia en estos momentos: el COVID-19.

Recuperación milagrosa, en la ancianidad
Celebrando el cumpleaños número 104

El sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial y el COVID-19, vive en la casa de Cuidado de Veteranos Edward C. Allworth, perteneciente al estado de Oregón, en Estados Unidos. Al padecer los primeros síntomas mantuvo la cuarentena como fue indicado, y resultó ser uno de los 15 residentes que fueron positivo ante las pruebas del COVID-19, específicamente el día 11 de marzo.

Celebrando el cumpleaños número 104

Aunque la historia parezca sacada de un cuento de historietas, es real, porque los héroes verdaderos no se encuentran en libros ni en pinturas, sino que caminan a nuestro lado y viven en la clandestinidad.

El cumpleaños de William Lapschies fue veinticinco días después de presentar los síntomas de la enfermedad. El miércoles 1 de abril cumplió 104 años. Ni la Segunda Guerra Mundial y el COVID-19 pueden derrotarlo.

Muchos pensaron que no viviría para celebrarlos, pero tras lograr recuperarse a fuerza de voluntad, el ancestral abuelo lo trajeron bajo personal médico hacia un patio, ante familiares y amigos en su silla de ruedas. A los seres queridos no lo autorizaron a entrar en la instalación donde vive Will por restricciones epidemiológicas, pero eso no impidió que pasaran por alto su cumpleaños.

De alta en su casa

Con una manta en los pies para protegerlo del frío, con el nasobuco puesto en su mejilla, tenía una mirada de satisfacción tras haber sobrevivido a la misma muerte, una vez, más para contarlo. Su rostro más que un veterano de guerra, por los callos de sus manos y las arrugas de su piel blanca. Parecía una caja de sabiduría, por el brillo de sus ojos, por la limpieza de su alma y por la energía positiva que transmitía a todo el que lo conocía.

Los invitados por su parte, llevaron varios artículos de fiestas y le cantaron feliz cumpleaños como acostumbraban a hacer anualmente, con la diferencia de que no le pudieron dar un beso. Estuvieron todo el tiempo a metro y medio de distancia como medida preventiva, como la norma de aislamiento indica. Por su parte, el homenajeado más que celebrar otro año de vida, edad que casi nadie llega a festejar, sintió la necesidad de felicitarse por otra victoria alcanzada en su larga vida.

Sus palabras

Al interrogarlo alguno de sus familiares para saber sobre su estado actual, respondió con la mirada fija en el sol, los ojos parecían cristales que al tocarlos estallaría la primera lágrima: “Me siento bien, lologré”, dijo William. “Me siento bien para cumplir unos años más”.

Pero cambió la vista, y esa lágrima nunca brotó de sus pupilas.  Muchos globos y pasteles faltan por comprar aún, para otros cumpleaños. Su familia afirmó que esperarán ansiosos a que llegue su próximo cumpleaños, porque no todos los días se cumplen 105 años. Entonces sí vamos a realizar una gran fiesta, donde podamos darle muchos besos.

En algún momento William Lapscher tuvo miedo, no miedo de morir, sino miedo de no ganar, pero en su vida nunca lo demostró. No sería ahora, luego de tantos inviernos que sería un cobarde.

La Segunda Guerra Mundial y el COVID-19 cobraron miles de vidas a la humanidad. 

El anciano sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial y el COVID-19 será un suceso para recordar y para ofrecer ánimos. Historias como estas se necesitan en los tiempos actuales, donde claudicar no es una opción para la humanidad. La sonrisa y el espíritu de William son necesarios para contagiar a todos.

anciano de 104 años sonriendo a la cámara
El anciano sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial y el COVID-19

No solo William es un hecho de recuperación milagrosa

Joseph Bostain, un niño de 6 años de Clarksville, Estados Unidos, es otro de los milagros que surgen a raíz del coronavirus. El niño presenta fibrosis quística, por lo que su recuperación es un logro para la medicina actual. En medio de tantas muertes en este país, este hecho conmocionó al mundo entero y es una señal de esperanza hacia aquellas personas que se encuentran luchando contra esta terrible enfermedad.

Una fotógrafa de 45 años llamada Diana Berrent es otra de las recuperadas del virus. Puede que no sea nada relevante al no padecer de ninguna enfermedad, pero sí lo es. Lo asombroso de su recuperación reside en lo que hizo posteriormente a ser dada de alta. Diana comenzó a donar plasma para la creación de anticuerpos en aquellas personas enfermas.

Aunque no se espera una recuperación milagrosa ,las personas que son tratadas con plasma, de personas recuperadas; si es una gran ayuda en la formación de anticuerpos que combatan la enfermedad. Al gesto de Diana se han sumado otros recuperados de COVID-19 en un acto de solidaridad sin precedentes.

¡Juntos podemos vencer, al igual que William, vencer la pandemia que nos afecta hoy día!

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